| También Dios quiso venir a Bariloche |
| Viernes 08 de Julio de 2005 21:28 - 2286 Lecturas. |
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El Diario Digital reproduce en portada la nota publicada el sábado. Un inspirado relato del lector interactivo Guillermo Palavecino. Una deliciosa metáfora de duro alegato. Y una pluma que cobra vuelo.
Julio 11, lunes Dios también quiso viajar a Bariloche Por Guillermo Palavecino No podía decirse que Jacob fuera "un empleado más". El fue hasta ese momento el asistente predilecto del Jefe. Había sido su última misión preparar un detallado y complicado informe. Sabido era que Dios buscaba desde hace buen rato, un lugar en el planeta para realizar una reunión extraordinaria con miembros de la escala celestial. El objetivo era -según le aclaró el altísimo- discutir el asunto de la eternidad. Esta cuestión estaba bastante trillada últimamente y Dios quería terminar con la ola de rumores que indicaban que su mandato duraría "solo una eternidad", lo cual, evidentemente, le quitaba poder y sobre todo lo ponía de mal humor. La lista de invitados incluiría a los ángeles de la plana mayor, a los arcángeles y a los santos, quienes consideraran mas que oportuna la ocasión de codearse con los mas selectos habitantes del cielo. Estaba Dios examinando la carpeta con el informe de Jacob, y parecía conforme. Explícitamente le había indicado que no eligiera como tantas veces ni una isla desierta, ni las alturas de los himalayas, ni mucho menos, un lugar en el fondo del mar. La opción elegida satisfizo a Dios: "Bariloche, que lindo lugar, nunca se me hubiera imaginado, ¿y como se te ha ocurrido Jacob?", le preguntó. Jacob sonrojado explicó brevemente su investigación y antes de que pueda concluir, Dios lo interrumpió: "Me parece perfecto. Te pido Jacob que haya la menor cantidad de gente posible a la fecha de la reunión, ya sabes que no me gustan los mirones". Y con esto, desapareció de la manera que Dios desaparece. Jacob tenía suficiente poder para realizar cosas en la tierra dada su posición dentro del sistema celestial y la importancia del proyecto. Podía cambiar el clima, alterar el rumbo de los mercados, influir sobre el ánimo de las personas, y -como quien se rasca una oreja- podía controlar los sueńos, los gobiernos y casi todas las cuestiones humanas. Puso manos a la obra atendiendo la orden del Jefe: "que haya la menor cantidad de gente posible". Bajó de Internet unas tablas demográficas y vio como sin pausa, la población del lugar seguía creciendo. Hacia esa pequeńa ciudad, por algún motivo que desconocía, se estaba moviendo la población de otras ciudades. Uno de los trucos celestiales más sencillos para impedir que gente se radique en algún lugar, es no disponer de lugar para vivir. Así que Jacob se encargó primero de que no haya en Bariloche alquileres disponibles, y que los pocos disponibles, estuvieran fuera del alcance de las personas. Eso sería suficiente, se dijo feliz. Mayúscula fue su sorpresa al ver que la gente, al no conseguir alquiler, compraba un lote y edificaban sus casas a pulmón, como podían. Un chasquido de dedos le costó a Jacob hacer que las propiedades sean aún más caras que en la capital del país. Muchos emprendieron la retirada, aunque la mayoría hacía cualquier cosa para quedarse. Algunos vivían en carpas, otros de prestado, otros cambiaban alojamiento por trabajo. La cosa se estaba complicando para Jacob. Llegado Mayo, ordenó Jacob una lluvia que durara 40 días y 40 noches. Le recordaron que tal idea ya había sido usada y que no había sido muy buena. Lo pensó dos veces e hizo llover solo 29 de los 31 días de mayo. Cuando esto sucedió hizo un recuento y comenzó a encolerizarse: solo dos familias se habían ido del pueblo y habían llegado 6 nuevas. Ordenó nevadas, hielo, y calles intransitables. Indicó con lujo de detalles, que las máquinas viales no funcionen en los días de nevada y que por extrańos motivos, todo suceda como si en verdad nunca hubiera nevado, que aquellos que se encargaban dijeran "nos sorprendió la nevada". Como si fuera a propósito, la gente más y más se arraigaba al lugar. Se decía Jacob: "Estos tipos... la verdad que son raros, que los mantendrá con tanto ahínco?". El centro invernal de esa ciudad atraía a miles de turistas de todo el mundo, miles de curiosos, y fue Jacob, quien aflojó una de las aerosillas con la esperanza de que nadie más se anime a subir a esos sistemas de elevación. Fue Jacob también el que intoxicó -haciendo una jugada de mal gusto- una comida de un viaje de egresados, con la intención de que los jovenzuelos nunca más retornen y que de una vez por todas busquen otro lugar para sus viajes. Una noche, despintó dando un soplido las dos rutas por las cuales circulan los autos del pueblo, rompió las banquinas y como quien pincha un papel con un escarbadientes, dibujó pozos a lo largo de las carreteras. "Eso los desalentará", se aseguró Jacob. La gente, haciendo esfuerzos para distinguir la ruta a través de los vidrios empańados, iba y venía sin quejarse, sin retroceder. No alcanzaría la eternidad en términos humanos el enumerar las cosas que Jacob ha intentado: descompuso las calderas de las escuelas, quitó las garitas donde la gente espera los colectivos para ir a trabajar, privó a la gente del acceso a las playas que hasta ese momento eran públicas bajo la tentadora consigna "Vendo Lote con costa", aumentó el precio del boleto, desmontó ańejos y hermosos bosques. Era ya Julio y el evento se acercaba. Jacob sintió que su puesto dentro de la organización corría peligro, y anticipándose a lo que sería su último fracaso, solicitó a Dios una entrevista para explicarle lo sucedido. De más esta decir que Dios ya lo sabía (¿por eso es Dios no?) y le dijo a Jacob que no se preocupara, que había intentado hacer lo que el le pedía pero la manera no era la correcta, ya que esa gente no estaba dispuesta a dejar su lugar. Comprendió que cada uno de los habitantes de ese lugar habían percibido que es un lugar único, una especie de paraíso y que sabiéndolo o no, coincidían con Jacob en que era el mejor lugar del mundo. Dios ordenó a Jacob a recomponer las cosas que había descompuesto, pero fue tarde. Jacob, frustrado, había renunciado, y con el curriculum en mano, rápidamente consiguió trabajo en la empresa que funcionaba en el subsuelo, en la que el gerente trabaja vestido con una capa roja. Se dice en las altas esferas que la reunión sobre "La eternidad" queda aún pendiente, a la espera de un lugar. Dios, que difícilmente olvida las cosas, sigue a la espera de que alguien se encargue de arreglar las cosas que Jacob, sin querer queriendo, había hecho en Bariloche. Que Dios nos ayude... Guillermo Palavecino / Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla Ver Comentarios de López Rende y Pontoriero, click aquí |







