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| El juego en tiempo real |
| Viernes 30 de Julio de 2010 06:38 - 1869 Lecturas. |
![]() Las leyendas en los muros -ahora se sumaron más- parecen dar motivo al juego de Barcelona, que días pasados comentó Hans Schulz en el Digital. "La clave para desmadejar el ovillo sigue siendo el estudio y la reflexión responsable sobre el pasado de la humanidad, sólo así podremos crecer como comunidad" reflexiona el autor, que aporta valiosos datos. El juego en tiempo real Por Hans Schulz Hubo algunos comentarios luego de la nota sobre el juego de la revista Barcelona. Una lectora estaba indignada. Yo escribí algo sobre el imaginario colectivo y como nos ven desde afuera. También estuve analizando las pintadas y los esténciles sobre una de las paredes del colegio alemán, la de la calle Quaglia. ¡Hay un nuevo Graffiti! Cuyo texto habla por si mismo. Claro que lamentablemente puede ser una nueva inspiración para los que idearon el juego. La clave para desmadejar el ovillo sigue siendo el estudio y la reflexión responsable sobre el pasado de la humanidad, sólo así podremos crecer como comunidad. A continuación cito unos párrafos de uno de los ensayos del libro “HISTORIA SOCIAL DEL DELITO EN PATAGONIA”, compilado por Gabriel Rafart y de próxima publicación.
Nota: “Las SS fueron creadas en el año 1923 durante la República de Weimar como una organización del Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores (NSDAP) y su función se limitaba a la protección (Schutz-Staffel) de su líder Adolf Hitler. Hasta el año 1934 estuvo subordinada a las SA, pero luego de la “Noche de los Cuchillos Largos”, se convirtió rápidamente en el grupo paramilitar del partido. Otra de sus funciones más importantes fue definida en el año 1930 por el Führer mismo cuando declaró: “Por lo pronto la misión de las SS es la de policía interna del Partido”. Si en el año 1929 las SS contaban sólo con 290 integrantes al mando de Heinrich Himmler, en el año 1933 ya eran 52.000 miembros de las más diversas extracciones. Al comenzar la guerra la organización contaba con 240.000 integrantes que ya se comenzaban a organizar militarmente en divisiones y regimientos que pasarían a la historia con el fatídico nombre de “Waffen-SS”. Fueron
las SS también las encargadas de la administración de la extensa red de campos de concentración y sus fábricas de la muerte. Tanto en su papel como tropas de choque, policía política en los paises ocupados por los alemanes, como en el de administradores del terror en los Lager, las SS cumplieron un tenebroso papel antes y durante la guerra y tras la acumulación de irrefutables pruebas y testimonios fueron finalmente declaradas una “organización criminal” durante los juicios de Nuremberg. (…)
Eugen Kogon, sociólogo y publicista alemán y sobreviviente del “Lager” de Buchenwald, escribe en el prólogo de la edición de 1948 de su libro “El Estado SS – El sistema de los campos de concentración alemanes” (“Der SS Staat –Das System der deutschen Konzentrationslager”), en un estilo altamente emocional que denota la proximidad de los hechos, lo siguiente: “De hecho lo que se estaba planeado en Alemania era la creación de un Estado SS y los campos de concentración eran un terrible modelo a seguir, los conejillos de indias alrededor del circo máximo del “Imperio de los Mil Años”, sobre cuya pista de carreras de la gran Alemania y a la vista de una en parte entusiasmada y en parte obligada “comunidad del pueblo” (“Volksgemeinschaft”), se arrojó la libertad bajo el tropel de la cuadriga, que con su rastro ensangrentado imprimió sobre la historia de esta época la adoración por el líder, la locura de la raza, el nacionalismo y el
militarismo. En todos lados estaban los de negro uniforme, con sus runas y sus calaveras como insignias, preparados para tomar las riendas y doblegar así nuestro destino a los pies de sus oscuros designios”.
Vale la pena citar aquí también el comienzo del capítulo “La metas y la organización del Estado SS” del libro del mismo autor: En este capítulo Kogon escribe: “En el otoño de 1937 pude conversar largamente con uno de los instructores de esta nueva orden germánica en la escuela de las SS que funcionaba en la Fortaleza Vogelsang. “La meta de nosotros, los instructores de los herederos del Führer”, me decía, “es crear una organización estatal basada en las ciudades estado de los antiguos griegos. A esas democracias lideradas por una aristocracia y con una gran base económica compuesta por celotes, le debemos los más grandes logros culturales de occidente. Sólo el 10 por ciento de la mejor selección de su población gobernaba y el resto trabajaba y obedecía. Sólo de esa manera podemos lograr las metas que nos hemos propuesto para el pueblo alemán. La “selección” somos nosotros, las SS, que políticamente entrenadas seremos la nueva aristocracia nacionalsocialista. Todo componente racial despreciable será eliminado y también todo aquel que se oponga a la nueva cosmovisión del estado nacionalsocialista. De esta manera podremos en menos de diez años gobernar a Europa según los dictados de Hitler, frenando de esa manera, la irremediable decadencia del continente. Crearemos así una verdadera comunidad de pueblos a cuya cabeza estará Alemania”.”
He querido reproducir aquí y en forma algo extensa las interesantes descripciones de Kogon, para que se pueda comprender mejor el rol vital que la organización a la que perteneció Erich Priebke cumplía en la estructura política del III Reich. Éste último, compuesto por una compleja madeja de organizaciones políticas y militares que rivalizaban entre sí y se repartían las jurisdicciones en una forma difícil de comprender para el lego, se convirtió a lo largo de la guerra y al final del camino, en la pesadilla soñada por Himmler y sus siniestros burócratas.“
(Cita del capítulo “Las SS. Mi honor es la lealtad (Meine Ehre heisst Treue)” del ensayo: “Orden Alterado. Bariloche y el mundo moralmente invertido del nacionalsocialismo”, de Hans Schulz, editado en la cuarta parte (“La venganza de los vencedores: memoria y orden en tiempo presente”) del libro: “Historia Social del delito en Patagonia”, compilado por Rafael Rafart.
HANS SCHULZ |









