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| Jueves 05 de Enero de 2012 10:22 - 3779 Lecturas. |
![]() Escribe Nora Blok de Pecchia, especial para el Digital B2000. Se trata de la duodécima entrega de la columna literaria y se refiere a una conmovedora novela del autor francés, Philippe Claudel, publicada en el 2006 que focaliza en los movimientos migratorios generados por conflictos bélicos. Philippe Claudel (Nancy, Francia, 1962) en esta novela corta y minimalista en su desarrollo, desde la perspectiva de un narrador omnisciente alineado en el protagonista, presenta la historia de un anciano, el señor Linh y su nieta Sang Diú (cuyo significado, en su lengua es “Mañana dulce”), ambos orientales, probablemente del sureste asiático, Vietnam, en todo caso, quienes deben emigrar de su pueblo, tras la muerte, en un bombardeo, de su hijo y de su nuera cuando en el arrozal trabajaban y tenían con ellos a Sang Diú, a quien encontró “con los ojos muy abiertos e ilesa, y a su lado una muñeca, su muñeca, tan grande como ella, pero decapitada por un trozo de metralla”. En ese momento decide partir. “Por la niña”. Un mes de noviembre. Una aldea en llamas y el horror y olor de la destrucción lo incitan a tomar entre sus brazos a su nieta de pocas semanas y huir, como otras familias del lugar, en busca de un destino mejor para esa beba, con un puñado de tierra del lugar para evitar el olvido y dar paso a la nostalgia y unas pocas cosas que logra colocar en una vieja maleta atada con una correa, reflejan las condiciones en que vivían. Hiriente en muchas de sus imágenes, dulce en otras y, muchas veces conmovedora vamos a encontrarnos con añejos temas que no obvian la invitación a reflexionar sobre el exilio geográfico e interior de quienes se ven impulsados, como nunca, a perseguir la supervivencia. En un barco instalado junto a otros refugiados, durante seis semanas conocerá la incertidumbre y ahogará el dolor hasta que el gobierno que los acoge decide colocarlos hacinados en un pabellón. Comerá porque la tradición indica que las mujeres deben ocuparse del anciano; pero no hablará con ellos más de lo necesario por la actitud de los otros y una frialdad obscena, como moneda que hace correr el entorno hostil de las otras dos familias con las que comparte el lugar asignado, difícil de comprender; pero que es posible lacera el alma del lector. Solo se comunica con su nieta a través de una nana “en la lengua de su país, que tiene una musicalidad frágil, sincopada y un poco sorda”. La canta con el propósito de que ella pase lo que pase en el futuro no olvide su lengua y sus tradiciones. No sale; pero “la mujer del muelle” se lo aconseja que lo haga por la niña y vence todo temor de moverse en un país cuya lengua no entiende y desconoce lugares y gentes. Inicia un pase circular, se cansa y se sienta en un banco, que le permite observar de tanto en tanto a su nieta y evocar su aldea con un dolor que le aprieta y le hace doler su añejo corazón. De pronto alguien se sienta a su lado: el señor Bark. Jubilado y viudo, él también siente dolor y ambos comenzarán a ser amigos, a entenderse sin hablar el mismo idioma. Se sucederán los encuentros, las conversaciones y el entendimiento de lo que los une: el dolor, los recuerdos lacerantes; pero también las evocaciones llenas de añoranzas. En una muestra de lo poco que se necesita para sentirse mejor en una verdadera aproximación a la felicidad: unos buenos días que los acerca, el sonido de un habla extraña, los gestos, la confianza que se va generando en ambos, los mínimos regalos mutuos y una sencilla mano apoyada en el hombro. Dos caras opuestas: La gente excluida, como el Señor Linh, que lo abofetea con las actitudes, los insultos y el corrillo que tras sus espaldas realizan y el Señor Bark quien lo anima y se anima a superar la barrera del idioma para compartir la soledad que los atraviesa y lacera. La insensibilidad frente a las desgracias humanas no deja de ser un buen motivo para pensar que nadie nunca puede nada solo y, así, la procedencia de ambos: países cuyas lenguas no entienden y cuyos hábitos resultan incomprensibles finalizan siendo ejemplos particulares de lo que provocan los movimientos migratorios originados por conflictos bélicos de todo tipo. No deja de ser un camino de esperanza, con diversos pasajes reivindicatorios. Pasajes que nos hablan de las preocupaciones del autor: el exilio, la soledad, la lucha por preservar la identidad, la tensión entre memoria y olvido, en ciento veintiséis páginas, en las que como él señalara en un reportaje:”Cada vez es mayor la dificultad para encontrar al otro y yo quiero retratar el dolor que produce eso”. Y un final de aquellos que uno nunca olvida porque nos instala en lo que por diferentes razones obviamos aunque hablamos mucho de ello o porque nos interesamos en leer. Nora Blok de Pecchia |






