Kästner y Dresden, un 13 de febrero de 1945
Miércoles 15 de Febrero de 2012 17:29 - 3822 Lecturas.
Dresden-Foto1La destrucción aérea de los habitantes y la ciudad de Dresden en 1945, en palabras del escritor alemán de relatos infantiles, Erich Kästner, es la propuesta de Hans Schulz para recordar una vez más, pero de otra manera, aquel trágico -y tal vez universal- 13 de febrero.
 

Dresden

Dresden-Foto1Dresden, Ilustración de Peter Knorr, Tapa de la edición alemana


 “¿Conoces el país en el que florecen los cañones?

¿No lo conoces? Lo vas a conocer.

Allí no madura la libertad, allí permanece verde.

Lo que se construye se transforma en cuarteles.

¿Conoces el país en el que florecen los cañones?

Lo vas a conocer. (1)

(E.Kästner, 1928)

I

Cuando mi hermana Nora vuelve de Alemania siempre trae algún regalo inesperado. Una vez trajo un concierto de B.B. King y Joan Baez en la prisión de Sin Sing del año 1972, una verdadera joya documental y otro año una sorprendente película sobre el músico Townes Van Zandt: “Be here to love me”. Esta vez trajo un libro, una especie de autobiografía de la niñez de Erich Kästner: “Cuando yo era niño” (“Als ich ein kleiner Junge war”). Kästner, nacido en el año 1899 fue un prolífico autor de libros infantiles y pasó su infancia y juventud en la ciudad alemana de Dresden, la Florencia del Elba. El libro, como memoria testimonial, es un verdadero documento de época.

Nosotros somos una familia argentina, pero nos criamos en un entorno de cultura alemana porque de allí vienen casi todos nuestros/as abuelos/as y bisabuelos/as, exceptuando al abuelo italiano que todo argentino debe tener. Por eso cuando algún familiar viaja a Europa siempre renovamos los lazos con algún fragmento de su historia, de su cultura y de su gente. Cargamos con ambas identidades pero sin nostalgia. Nosotros somos de acá. Sin embargo, hace tiempo, en los años de nuestra temprana niñez, mamá nos leía en alemán y uno de sus autores preferidos era Kästner. Por eso el libro en cuestión nos trajo recuerdos de familia y también de los tiempos de la pequeña ciudad que una vez fuimos. Pero esta vez hubo una coincidencia: Kästner, Dresden y el 13 de febrero. Esa noche, en el año 1945, unos pocos meses antes de finalizar la II Guerra Mundial, la ciudad de Dresden fue destruida por un tapiz de bombas lanzadas por una oleada de bombarderos ingleses y norteamericanos que arrojaron su letal carga sobre una población mayoritariamente compuesta de civiles desplazados del frente oriental. En las últimas décadas la fecha del bombardeo se ha convertido en cita de las organizaciones neonazis de toda Europa para reivindicar sus propias interpretaciones históricas, incluida la banalización del Holocausto. A ellos se le oponen las organizaciones y partidos de izquierda y una amplia mayoría de los habitantes de la ciudad que junto a las autoridades, año tras año, forman una cadena humana para impedir que la marcha de los nuevos nazis llegue al corazón de la ciudad.

Como lo he hecho todos los años podría volver a escribir sobre lo que ya todos sabemos de esa trágica noche de 1945 junto a la descripción de lo que sucedió hace dos días en la ciudad cuando más de 13.000 personas promoviendo “el valor, el respeto y la tolerancia” se opusieron a 1.600 miembros de la ultraderecha que promovían los valores contrarios. (2) Pero voy a hacer otra cosa.

  Dresden-Foto2Dresden, noche del 13 de febrero 2012 – “Cadena humana”

II

Las descripciones del libro de Kästner no corresponden a la II Guerra Mundial, su infancia y juventud transcurrieron antes de la I Gran Guerra Europea. Sin embargo dedica unos párrafos a la noche en que la ciudad natal encontró su irremediable destino luego de que las matanzas y el genocidio planificado desde Berlìn finalmente volvieran a casa. Fue escrito en el año 1957 pero reviste una apremiante actualidad. He aquí su trascripción textual:

“Si, Dresden era una ciudad maravillosa. Me lo pueden creer, ¡me lo deben creer! Ninguno de ustedes por más rico que fuera puede tomar un tren para ir a ver si tengo razón. Porque la ciudad de Dresden ya no existe. Exceptuando algunos rincones ha desaparecido de la faz de la tierra. De una sola vez y en una sola noche, la II Guerra Mundial la ha borrado del mapa para siempre. Su incomparable belleza fue creada a lo largo de siglos. Bastaron unas pocas horas para hacerla desaparecer como por arte de magia. Esto sucedió un 13 de febrero de 1945. Ochocientos aviones lanzaron bombas incendiarias y explosivas desde el aire. El resultado fue un desierto. Con algunas gigantescas ruinas que parecían vapores naufragados en un mar de escombros. Dos años después estuve parado en ese interminable desierto sin saber adonde estaba. Entre ladrillos rotos y polvorientos había un cartel. “Calle Praga” pude descifrar con dificultad. ¿Yo estaba en la calle Praga? ¿Parado en la mundialmente famosa calle Praga? ¿Sobre la calle más hermosa de los años de mi niñez? ¿La calle de las más lindas vidrieras? ¿La calle más atractiva en los tiempos de la navidad? Yo estaba parado en un inmenso vacío que se extendía por kilómetros en todas las direcciones. Una estepa de ladrillos. La nada.

Todavía hoy las grandes potencias debaten sobre cual de ellas asesinó a Dresden. Todavía hoy se discute si debajo de la nada hay cincuenta mil, cien mil o doscientos mil muertos. Y nadie quiere haberlo sido. Cada uno dice que los otros son culpables. Pero ¿para que toda esta pelea? ¡Con eso no van a resucitar a Dresden! Sancionen en el futuro a los gobiernos, no a los pueblos. Y castíguenlos en forma inmediata, no unos años después. Eso suena más fácil de lo que es ¿verdad? No, eso es más fácil de lo que suena.” (“Als ich ein kleiner Junge war”, página 52)

 

III

Y así vamos entrelazando una multiplicidad de culturas junto a los recuerdos de la infancia, el idioma conservado, la historia que nos pesa y la memoria responsable. Como escribió el diario Die Zeit en el año 2004 recordando los 30 años de la muerte del autor: “Kästner siempre fue un opositor al régimen y a todos los totalitarismos. Y las dictaduras tienen buena memoria. El 10 de mayo del año 1933, junto a los libros de Schnitzler, Freud, Thomas Mann y otros, Erich Kästner fue testigo de cómo las SA y los estudiantes universitarios quemaron sus libros en la plaza de la Opera de Berlín: la destrucción de la identidad cultural de la Alemania humanista. (“Die Vernichtung der kulturellen Identität des humanistischen Deutschlands”) (3)

 Dresden-Foto3

Notas

(1) Kennst du das Land, wo die Kanonen blühn? Du kennst es nicht? - Du wirst es kennenlernen. Dort reift die Freiheit nicht, dort bleibt sie grün. Was man auch baut, es werden stets Kasernen. Kennst du das Land, wo die Kanonen blühn? Du kennst es nicht? - Du wirst es kennenlernen.  (Erich Kästner, 1928)

(2) http://13februar.dresden.de/de/aufruf.php

(3) HTTP://WWW.ZEIT.DE/2004/30/KAESTNER/KOMPLETTANSICHT

 

 

 

 

 

 

Kästner y Dresden, un 13 de febrero de 1945
 

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