| La encrucijada |
| Viernes 27 de Julio de 2012 18:11 - 6651 Lecturas. |
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La encrucijada
Bariloche – 25 julio 2012 Marcha contra la megaminería a cielo abierto “Milagro son ellos, milagro es que los hombres no renuncien a sus valores cuando el sueldo no les alcanza para dar de comer a su familia, milagro es que el amor permanezca y que todavía corran los ríos cuando hemos talado los árboles de la tierra.” (“La resistencia”, Ernesto Sábato, año 2000) I
La del 25 de julio 2012 fue una marcha rigurosamente custodiada. Policías de uniforme en cada esquina y policías de civil a lo largo de las calles. La pancarta que encabezaba la marcha rezaba: “Tocan a unx, tocan a todxs” La sostenía un grupo de jóvenes cuyos rostros semejaban al de Mauro Velásquez, ferozmente golpeado por un grupo de personas ya identificadas en la marcha anterior. ¿Actuará la justicia? Lo de Mauro es un episodio más de la crispación de los tiempos. Hay indicadores: hombres y mujeres de rostros ensimismados detrás del volante, la terrible suma de accidentes de tráfico, la mala educación, el apresuramiento, el desvanecimiento paulatino de los viejos valores comunes a toda convivencia civilizada, la sobrevaloración de los adminículos tecnológicos, en fin, la carrera hacía adelante y sin retorno. Ernesto Sábato en uno de sus últimos ensayos del año 2000, “La resistencia” llama a lo que sucede “el vértigo”. A los adminículos también les dedica un párrafo cuando escribe: “la capacidad de convicción de nuestra civilización es casi inexistente y se concentra en convencer a la gente de las bondades de sus cachivaches, que por cientos de millones se ofrecen en el mercado, sin tener en cuenta la basura que se acumula hora a hora, y que la tierra no puede asimilar.” II
¿Por qué Sábato? Bueno, eso en esta crónica merece una explicación aparte. Cada marcha es diferente a las otras. Cada una viene signada por los avatares particulares de los días previos, en este caso el terrible golpe que recibió Mauro en la cabeza y todas las implicancias sociales que tuvo sobre una comunidad que todavía se reconoce en las calles y en las casas. Cada marcha crea su propio folklore y cada uno de los que camina la recordará a su manera, con sus propias vivencias y sus propias percepciones de lo que sintió, escuchó y vio, como este folleto en portugués que recién pude reconocer al mirar las fotos en mi casa. Cuando acompaño las marchas, algunas por convicción y otras para registrar, siempre me detengo a observar lo que sucede a su alrededor: los turistas curiosos, los afiches que serán en el futuro indicadores de una época, los rostros de amigos y conocidos, las obras en construcción que transformarán para siempre la escenografía por la que caminamos, las cambiantes vidrieras adaptadas a las temporadas –pingüinos y osos polares, dos especies en peligro de extinción-, las estatuas vivientes y los artistas callejeros, los vestigios de otras luchas, los fragmentos, las heridas de nuestra historia como comunidad y toda la demás parafernalia. También me detengo a saludar y a conversar con los testigos ocasionales de la protesta callejera. En este caso, mientras le sacaba unas fotos al “shaolín” del Banco Nación intercambié unas palabras con Fabián, un artesano. Hablamos de los bosques de Lenga que se desvanecen sobre las laderas del Cerro Otto, de la naturaleza prístina de otros tiempos y de lo que inexorablemente vendrá. El me mencionó el libro “La resistencia” de E. Sábato. Me dijo: “tiene que ver con todo esto de lo que estamos hablando”. Acepté la sugerencia y lo leí detenidamente antes de escribir esta crónica. ¡Hay tanto por aprender! Tal vez fue la magia de las artes milenarias del Shaolín la que evocó a Sábato y trajo a nuestra presencia su libro. ¡Vaya uno a saber! Lo cierto es que tenía mucho que ver con lo que estábamos hablando y con la movilización que yo estaba cubriendo. Pero no con la noticia en sí, es decir con la apariencia, sino con los trasfondos filosóficos del debate que está en juego. III
Del libro rescaté seis conceptos: vértigo, cachivaches, valores, humanismo, encrucijada, resistencia. Todos están irremediablemente vinculados. La tragedia del vértigo en él que estamos envueltos en la vida cotidiana, los cachivaches con los que nos seducen, los valores que van mutando, el necesario humanismo que se pierde, la encrucijada entre las preocupaciones económicas que nos oprimen, el deseo por consumir lo innecesario y el anhelo por una vida más humana, más elemental, mas sana y la resistencia de los que no se resignan, de los que no abandonan la lucha por aquello por lo cual vale la pena luchar. Sábato lo pone en sus propias palabras cuando dice: “creo que hay que resistir: éste ha sido mi lema. Pero hoy, cuántas veces me he preguntado cómo encarnar esta palabra. Antes, cuando la vida era menos dura, yo hubiera entendido por resistir un acto heroico, como negarse a seguir embarcado en este tren que nos impulsa a la locura y al infortunio. ¿Se le puede pedir a la gente del vértigo que se rebele? ¿Puede pedirse a los hombres y a las mujeres de mi país que se nieguen a pertenecer a este capitalismo salvaje si ellos mantienen a sus hijos, a sus padres? Si ellos cargan con esa responsabilidad, ¿cómo habrían de abandonar esa vida?” IV
No se puede negar que la vida y la obra de Ernesto Sábato representan a una gran parte del siglo XX argentino, con todas sus desdichas y todas sus bondades. Sus palabras tienen un cierto peso también cuando hablan de la CONADEP. “Yo he pasado riesgos de muerte durante años. ¿Sin miedo? No, he tenido miedo hasta la temeridad pero no he podido retroceder. Si no hubiese sido por mis compañeros, por la pobre gente con la que ya me había comprometido, seguramente hubiera abandonado. Uno no se atreve cuando está solo y aislado, pero sí puede hacerlo sí se ha hundido tanto en la realidad de los otros que no puede volverse atrás. Cuando trabajé en la CONADEP, de noche soñaba aterrado que aquellas torturas, frente a las cuales yo hubiera preferido la muerte, eran sufridas por las personas que yo más quería. Impávido en el sueño, luego me despertaba angustiado y sin saber cómo seguir, pero horas después no podía negarme a escuchar a quienes pedían que yo los recibiera. No podía, era inadmisible que hubiese dicho que no a esos padres cuyos hijos, en verdad, habían sido masacrados.” V
Por eso, cuando una parte de la sociedad se moviliza, no debemos distraernos con el anecdotario y las rencillas aparentes con que la política y los medios de comunicación apartan nuestra mirada de la discusión esencial: ¿Es necesaria la minería a cielo abierto? ¿Vale la pena promover y desarrollar una actividad extractiva tan devastadora sin considerar otras opciones? Cuándo el aparente tesoro de los recursos no renovables pase finalmente a otras manos ¿Qué quedará para nosotros? ¿Cuál es el modelo económico, social y cultural al que aspiramos como sociedad? ¿El consumo como estilo de vida? ¿El vértigo? Progreso y bienestar no siempre van de la misma mano. Estamos en una encrucijada. Bariloche, “El ritual de la vida”, Centro Cívico. (Efecto pastel sobre foto original) Hans Schulz Crónicas / B2000 Nota: En algunas de las fotos he aplicado el editor PhotoScape para lograr algunos efectos. |





