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El Festival Mundial de Aves de Bariloche que organizó el Club de Observadores de Aves con apoyo del PNNH y la organización Aves Argentinas terminó con una jornada de observación de aves en el Valle de Challhuaco en la que participaron unas 50 personas. Vieron trabajar a los pájaros carpinteros en el armado sus nidos. Por Natalia Gili. Foto Diego García.
La semana pasada se realizó el primer Festival Mundial de Aves en Bariloche que se desarrolla en distintas ciudades del mundo para festejar la diversidad de especies de todo el planeta y generar conciencia sobre la necesidad de su conservación. Las jornadas organizadas por el Club de Observadores de Aves con el apoyo del Parque Nacional Nahuel Huapi y de la organización Aves Argentinas propusieron actividades para grandes y chicos con el objetivo de acercar el conocimiento sobre las distintas especies de aves de la zona y sus ambientes.
Uno de los temas centrales del festival fue la migración de las aves, que representa una preocupación a nivel mundial porque se estima que un tercio del total de las especies del plantea son migratorias y hay muchas que están en descenso y peligro de extinción. Durante la presentación del documental Migración Alada, se explicó que el problema principal es la falta de protección conjunta de los distintos países por donde las aves pasan.
La variedad de aves que migran va desde el pequeño picaflor hasta el inmenso albatros. Las rutas que recorren siguen distintas direcciones y distancias. Con los hábitos de vuelo, sucede lo mismo; unas viajan de día otras prefieren noche. El denominador común en todos los casos es la necesidad de supervivencia y de reproducción que las lleva a escapar del invierno y a buscar lugares con condiciones propicias para el apareamiento y la cría.
Migración Alada, una producción francesa de Jacques Perrin, fue el resultado de cuatro años de seguimiento de las rutas migratorias de las aves desde el hemisferio norte al hemisferio sur de todo el planeta y en determinadas épocas del año.
El exhaustivo trabajo muestra los viajes y peripecias de las aves que atraviesan enormes distancias. De todas, una experiencia llamativa es la del gaviotín ártico -sterna paradisaea-, que es un pequeño pájaro que no llega a medir más de 40 cm de largo y es famoso por ser el que recorre la mayor cantidad de kilómetros entre todas las especies migratorias del planeta.
Dos veces por año atraviesa 20.000 kilómetros entre el Círculo Ártico y el Antártico en busca del verano en el polo opuesto. A lo largo de su vida, que puede durar 20 años, un gaviotín anciano habrá recorrido una distancia de 800.000 kilómetros que sería el equivalente a un viaje, ida y vuelta, a la luna.
Perrin cuenta que las aves son seres sumamente sensibles que pueden sentir el campo magnético de la tierra como la aguja de una brújula. Usan el sol y la luna, las señales de la naturaleza, para guiar sus vuelos. Viajan en comunidad y se separan para reproducirse. Para las aves, el peligro de muerte es parte de la vida. Pero la civilización ataca el ambiente y las destruye masivamente.
El documental muestra las amenazas a la supervivencia de las especies de aves migratorias. En su viaje desde el hemisferio norte hacia el sur varias aves de una comunidad pueden perder la vida en distintas circunstancias derivadas de las formas de producción y de vida humanas.
La “caza deportiva” y el comercio clandestino de aves, por ejemplo, son “prácticas” que afectan notoriamente la disminución numérica de los grupos y generan una alarma mundial ante el peligro de extinción de las especies. Por otro lado, la contaminación del agua y el aire que generan las ciudades también afectan la salud de las aves y sus posibilidades de reproducción. La emisión de gases contaminantes de las fábricas y la generación de lagos artificiales con desechos de minería o hidrocarburos donde las aves se acercan para bañarse y beber son los peligros más recurrentes que afectan la supervivencia de las especies migratorias. Finalmente, la desaparición o fragmentación de los bosques nativos del planeta y el uso intensivo en agricultura y ganadería son amenazas para las especies que nidifican, habitan y se alimentan del suelo.
El Festival Mundial de Aves finalizó el domingo 26 con una jornada completa al Valle del Challhuaco en la que participaron alrededor de 50 personas de distintas edades y ocupaciones.
Carla Pozzi, organizadora del Festival Mundial de Aves en Bariloche, licenciada en Bióloga y miembro del COA, se manifestó muy conforme con el desarrollo del festival. En diálogo con el Digital comentó que la caminata de observadores estuvo integrada por gente de distintas edades, incluso mayores, que participaron observando en silencio y escuchando los sonidos de la naturaleza.
En el trayecto de la caravana que pasó por el refugio del Challhuaco, siguió hacia el Valle de los Perdidos y llegó a las “rocas verdes” pudieron ver ejemplares de jotes de cabeza negra, aguiluchos andinos, aguiluchos comunes y gran cantidad de rayaditos. La bióloga contó que el grupo quedó “aluciando” especialmente ante dos parejas de pájaros carpinteros que encontraron en plena elaboración de los nidos, abriendo los huecos, sacando hebras de madera y tirándolas afuera. “La construcción dura muy poco tiempo -explicó- por eso el tema es no quedarse mucho para no molestarlos porque tienen que terminar el trabajo rápido para poner los huevos”.
Además de la observación y escucha atenta de aves, la jornada contó con aportes sobre plantas, hongos y geología del lugar que compartieron los participantes y generaron una “guía super enriquecedora de varios aspectos del lugar que fuimos conociendo”.
Según relató Carla Pozzi al Digital el Club de Observadores de Aves tiene un año y un mes de vida y fue organizado por “algunos ornitólogos de la zona, biólogos y no biólogos y amantes de observar estas especies”. “Desde ese núcleo de observación -explicó- empezamos a sumar gente y hoy en día tenemos 169 inscriptos -dibujantes y fotógrafos, artesanos, gente que le gusta observar y escuchar las aves- que quieren recibir la información y salir a diferentes lugares de acá, que mandan fotos para ver qué especies son y que están sensibilizados, preocupados y entusiasmados por estas especies en nuestra zona”.
La existencia de las especies nativas del bosque húmedo está directamente ligada a la existencia de las aves que encuentran refugio, alimento y todo lo necesario para vivir en ellas. Pozzi explicó que en la zona la mayor amenaza para la permanencia de las aves en el bosque y la región son las construcciones. “Es un tema importante porque la gente pone sus casas y no contemplan que hay especies de árboles que pueden llegar a ser fuentes de alimento y de refugio para la nidificación, por ejemplo”.
“Nosotros recomendamos generar un jardín con especies de plantas y árboles nativos para que las aves puedan seguir estando con nosotros. El tema es tratar de no fragmentar tanto el ambiente con la cuestión urbana y conservar las costas también”, afirmó.
“Tenemos que tratar de convivir amablemente con las distintas especies en nuestra vida cotidiana. Cada vez que sumamos gente sumamos fuerza para cambiar algunas políticas institucionales de la municipalidad, de parques o de otras instituciones. De alguna manera estamos en el momento del cambio, de ser conscientes de lo que está pasando y de generar cambios en las políticas. Pero cambios profundos”, aclaró la licenciada en Biología.
Para acercarse al COA pueden hacerlo escribiendo a
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