Los petardos y los perros
Domingo 25 de Diciembre de 2011 20:03 - 6842 Lecturas.

El lector interactivo Mauricio Kitaigorodzki comparte una historia que bien vale la pena detenerse a leer. ¿Qué pasa cuando en la Nochebuena y entre todos los estruendos un perro aparece perdido y asustado?


Se oyen dos o tres estampidos fuertes y cercanos. Los mayores nos miramos, resignados.  De pronto, alguien exclama: “¡Miren afuera, un perro!”. En el banco de plaza que tenemos al lado de la puerta, mirando hacia el jardín, un perro se apretuja jadeando, aterrorizado. Es grande, posible mezcla de cualquier cosa con San Bernando, color dorado oscuro, sin collar pero cuidado. No se mueve, no ladra, sólo jadea.

 

Por motivos que no vienen al caso no podemos dejarlo entrar. Mi hijo sale a buscar algo al auto. Lo sigue una de mis nietas. En un descuido, Perro salta dentro del baúl. Mi hijo consigue sacarlo sin golpearlo. Abren la puerta de casa y suena otro estampido, muy fuerte. Mi nieta rompe a llorar, asustada, y entra corriendo. La sigue Perro que se esconde en un rincón de mi escritorio a todo lo largo de la pared. Mi nieta sigue llorando, y recordamos cuando hace muchos años, estando en Buenos Aires un fin de año, nuestras nietas mayores, entonces pequeñas y no acostumbradas a truenos o cohetes, se asustaron mucho con las explosiones. Fue cuando inventamos una melodía y una cuarteta: “No nos vamos a asustar, no nos vamos a asustar, son solamente petardos, no nos vamos a asustar”.

Lo cantamos ahora todos a coro. Mi nieta se calma, sonríe. Pero ¿Qué hacemos con Perro? Ninguno de nosotros podía hacerse cargo, tenerlo en casa. Entre mi hijo y mi yerno consiguen hacerlo salir, vuelve a acurrucarse en el banco.

Rato después nos despedimos. Partieron, y Perro siguió un rato el auto de mi hija. Poco después se perdió en la oscuridad.

No sabemos qué le ocurrió. ¿Lo habrán atropellado? ¿Se habrá tenido que enfrentar con otros perros, tan asustados como él? ¿Lo habrán encontrado los dueños, quizás con niños tristes porque Perro se había espantado? ¿O quizás halló otra familia que pudo cobijarlo?

Historia con final desconocido pero imaginado.

No tenemos muchos vecinos; los petardos eran cercanos. Quienes los arrojaron seguramente no tienen perros. ¿Tendrán alma? ¿hijos? ¿Qué les enseñan?

Y todavía falta Año Nuevo.

Mauricio Kitaigorodzki
DNI 4376884

Los petardos y los perros
 

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