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| La nieve y su fiesta |
| Jueves 14 de Junio de 2012 20:19 - 6235 Lecturas. |
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Escribe el ex presidente del Club Andino Bariloche (CAB) y referente del mundo del andinismo y el esquí de la región, Vicente Ojeda. Brinda una apreciación sobre la Fiesta Nacional de la Nieve anclada un datos históricos que permiten reconstruir la memoria de la nieve y su proyección.
LA NIEVE Y SU FIESTA La nieve estuvo siempre en las montañas y valles que rodean al Nahuel Huapi, unos años hubo más, otros menos, salvo en 1939 cuando prácticamente no nevó. Pero ya antes de ese raro fenómeno que la hizo extrañar, los habitantes de la incipiente aldea habían encontrado en ella no solo una fuente segura de agua, perfectamente regulada, sino también un medio de entretenimiento en sus excursiones por la montaña. A comienzos de la década del 30 del siglo pasado, europeos y argentinos, que habían pasado por el viejo continente, popularizan el esquí mas allá de su uso utilitario impuesto por la necesidad de trasladarse en invierno en la vasta campiña. En tanto en Europa comienzan a aparecer los primeros Centros de Esquí. Es ahora un deporte - ó un “sport” como se decía en ese entonces - que se practica en las mismas precarias calles y en los numerosos campitos que en verano sirven de potreros, corrales y huertas. El progreso técnico de los cultores y el creciente número de ellos van requiriendo mayor dificultad y espacio y se empieza a remontar el Cerro Otto en busca de “canchas” mas apropiadas. Así el faldeo sur aparece como el más apropiado y en terrenos de la familia Capraro se establece la cancha de Hoewecamp, apenas un poco más arriba del actual barrio Jardín Botánico. Por esos años, en 1933, Meiling y Tutzauer construyen en el filo de la ladera sur del Cerro Otto sobre dos lomos desprovistos de bosques (antiguamente poblados de cañaverales de colihues), un pequeño Refugio para apoyar las prácticas que en esas pistas naturales podían desarrollarse muy favorablemente. Paralelamente, desde el año anterior venían fabricando los primeros esquís. Se había iniciado la explotación comercial de la nieve. Sin embargo y en línea con lo que hemos dicho, la Familia Capraro desarrollaba el primer Centro de Esquí de Bariloche y del país en Piedras Blancas, a pocos metros de aquel primer Refugio. La pista fue abierta en el bosque a pico, pala y hacha, con ayuda de bueyes, por mi padre D.Manuel Ojeda Cancino . La nieve como atracción deportiva y turística ya estaba entronizada. La Ley de creación de Parques Nacionales y su respectivo órgano administrativo, la Administración de Parques Nacionales y Turismo, dictada en 1934 vendría a dar un decisivo impulso al desarrollo turístico de la región. De la mano del presidente del Ente el Dr. Ezequiel Bustillo se llevaron a cabo una gran cantidad de obras dedicadas al turismo, donde la estrella fulgurante (Highlight como dicen ahora) era el Hotel Llao –Llao. La elección del Cerro Catedral para montar el Centro de Esquí y la construcción en él del Cable Carril, el Catedral Ski Hotel , el Refugio Lynch y el Ski-Lift superior, además, claro, de la apertura de las pistas y el camino de acceso al Centro formaron parte de la política fundadora del turismo de invierno. Naturalmente, Bustillo y Lynch pensaron el modelo que habían conocido en Europa y allí contrataron al experto austriaco Hans Nöbl – exquisito esquiador y polémico personaje - que propuso el diseño del Centro. Sin embargo, la segunda guerra mundial iba a interrumpir las obras de construcción del Cable Carril ya que en 1939 no habían llegado todos los elementos. En el ínterin hubo cambios de gobierno y de criterios, pero finalmente en 1950 pudo ser inaugurado. Sin embargo y por impulso de PN y T, ya por el 40 comenzaron a funcionar Escuelas de Esquí y en lo inmediato se construyeron dos ski-lifts de arrastre, uno en las pistas bajas y otro en las altas. El crecimiento de la demanda del producto nieve hizo rápidamente insuficiente la oferta de medios de elevación en el Catedral y recién en 1966 se comenzó la instalación de aero-sillas que paulatinamente irían completando la infraestructura de la montaña. En tanto, en el año 1941 y al finalizar la temporada invernal, el Club Andino Bariloche, el Club Argentino de Ski y el Club Andino Barreal de San Juan fundan la Federación Argentina de Ski y Andinismo, que entre sus primeras acciones declara a las competencias de ski, alpino y nórdico, recién realizadas, como 1er. Campeonato Argentino de Ski. En 1943 se produce un hecho de notable trascendencia cual fue la creación de una Escuela de Ski para niños y jóvenes de Bariloche de bajos recursos económicos, integrando de este modo a un sector de la población que vendría a aportar un nuevo empuje al deporte de la nieve. Esta notable obra la debemos a Catalina Reynal, dama de la sociedad porteña, que se sintió impresionada por la falta de oportunidad para aquella franja de la sociedad barilochense y decidió financiar los cursos. Se completaba así el círculo que incluia a todo el espectro social participando de los crecientes beneficios de la nieve. Muchos de los alumnos se destacaron como grandes esquiadores y representantes nacionales y luego se convirtieron en Instructores de Esquí, Entrenadores, técnicos en operación de Centros de Esquí y dirigentes de Clubes de Montaña. Lamentablemente, la falta de políticas adecuadas retrasó el desarrollo del Centro de Esquí y como queda dicho, solo a mediados de la década del 60 se reiniciaron las inversiones, ahora con participación de capitales privados. De cualquier manera, con periodos de mayor ó menor intensidad y calidad, el turismo de nieve fue alcanzando decisiva importancia para la economía de Bariloche influyendo en todos los niveles de la población. Hoy se cuenta con una buena infraestructura en medios de elevación y servicios complementarios en la montaña misma y en la base, así como en todo el ámbito de la ciudad, motorizadas por aquella demanda que no solo proviene del mercado nacional, sino que penetra en los internacionales donde destacan Brasil, fuertemente, Venezuela y otros. En suma, la nieve se ha constituido en un fruto valioso para Bariloche. En consonancia con ello y volviendo atrás en el tiempo, conviene recordar que en los años 40 y 50 las acciones promociónales estuvieron fundamentalmente a cargo de Parques Nacionales y Turismo qué, apenas finalizada la Segunda Guerra Mundial trajo a Bariloche a destacados esquiadores austriacos y suizos a participar de los Campeonatos Argentinos de Ski, eventos que PNT auspiciaba. Estas acciones incluyeron promociones institucionales y los grandes diarios porteños mostraron en sus rotograbados de los domingos adecuadas vistas de los notables en las pistas de esquí. En la década del 50, Parques Nacionales instituye la Fiesta de la Nieve, que consistía básicamente en un gran baile en el Catedral Ski Hotel al finalizar el Campeonato Argentino de Ski – siempre en la última semana de agosto – en cuyo transcurso se elegía la Reina de la Nieve y a veces se entregaban los premios a los Campeones Argentinos, ya que en otras oportunidades este último acto se realizaba en el Centro Cívico con participación de la población de Bariloche. Por ese entonces, Bariloche tenía una gran dependencia de las instituciones nacionales, pues solo en 1955 Río Negro se convierte en Provincia, en 1957 se da su Constitución Provincial y ostenta Gobierno propio desde 1958. Sin embargo el manejo del Cerro Catedral por parte de Parques Nacionales – ya separado de Turismo - continuaría hasta 1986. En el año 1964 el Intendente de Bariloche, Dr. Luís Malacrida creó por Ordenanza la Dirección Municipal de Turismo. Esta Dirección, quizás premonitoriamente, tenía una conformación muy parecida al actual Emprotur, ya que solo la Presidencia estaba reservada a la Municipalidad en la persona del Intendente ó quien el designare. Los demás miembros eran representantes de las entidades empresariales, clubes y empresas. Así estaban presentes la Cámara de Comercio, la Asociación de Hoteles, la Asociación de Agentes de Viaje, Aerolíneas Argentinas, Club Andino Bariloche, Instructores de Esquí y otros. Por aquellos años esto funcionaba bien pero no pudo resistir la clásica discusión de Bariloche y terminó modificándose al eliminarse la participación privada. Años después las Asociaciones Empresariales se agruparon, primero en el Acuerdo Empresarial y luego en la Cámara de Turismo, además surgiría la Asociación Empresarial del Cerro Catedral, todo, en busca de posicionarse mejor ante los gobiernos, Municipal, Provincial y Nacional, pero finalmente concluyeron en que era mejor crear un Ente que los agrupara, mixto como en 1964 y así nació el Emprotur. En todos los casos se ocuparon de la promoción de Bariloche, además, claro, de diversos temas institucionales de la ciudad. No se pueden soslayar estas referencias históricas si queremos ubicar en el tiempo el desarrollo de la Fiesta de la Nieve. Para ello debemos volver a aquella primera Dirección de Turismo, a cuyo frente el Dr. Malacrida designó al Dr. Jesús Dionisio Fanjul, maestro, odontólogo, y Comandante Mayor de Gendarmería Nacional, qué, retirado ya, se abocó con gran dedicación a la promoción del turismo. Así fue que entre sus primeras iniciativas al frente de la Dirección, propuso darle impulso a la temporada de invierno marcadamente inferior en actividad - en esa época - a la temporada de verano. Recordó entonces que en años recientes durante las Jornadas de los Lagos del Sur que se realizaban periódicamente entre representantes de Bariloche y sus similares de Osorno y Puerto Varas para promover la integración de ambas regiones de Argentina y Chile, se había aprobado una moción del Club Andino Bariloche que versaba sobre la institución de los “Juegos Invernales de los Lagos de Sur” a realizarse un año en Bariloche y otro en el lado chileno. Fue entonces que se desarrolló un intenso programa para la temporada invernal de 1964 con eventos que transcurrian durante los meses de julio y agosto. Las tratativas con Parques Nacionales, dueño y administrador del Cerro Catedral, no fueron del todo fáciles ya que importaba modificar una rutina de muchos años al incorporar elementos festivos a las costumbres más austeras de los años pasados. Sin embargo, se fueron eliminando obstáculos burocráticos y los actos pudieron realizarse con total lucimiento, aunque no exentos de cierto dramatismo porque ese año también la nieve se hizo esperar. Y la nieve era lo fundamental, la fiesta era en su honor. Para el 11 de julio se programó la apertura y recién la noche anterior llegó la nevada salvadora. En una tarde soleada una verdadera muchedumbre (para la época) se trasladó al Cerro Catedral y disfrutó de un colorido desfile de pulóveres, de la música de la Banda del Ejército, del chocolate caliente y demás. La Fiesta en la ciudad adquiriría especial significación con la celebración del Desfile de Carrozas, repetido en años siguientes, donde instituciones deportivas, empresariales, de colectividades y educativas, además de particulares, demostraron inventiva, esfuerzo é identificación con la propuesta, presentando excelentes carrozas. En otros días hubieron carreras de disfraces en esquís y por supuesto los Campeonatos de Esquí del Club Andino Bariloche y el Campeonato Nacional estuvieron incluidos en el extenso programa qué, naturalmente, tuvo como momento culmine la elección de la Reina de la Nieve. Allí se dio una particular situación cuando Parques Nacionales revindicaba la paternidad de la Fiesta, sin embargo se logró un anecdótico “entente cordiale” y la celebración en el Catedral Ski Hotel resultó exitosa. Este programa siguió desarrollándose con variantes y suerte variada durante varios años. El crecimiento de la actividad turística, probablemente un efecto promocional comprobado de su incidencia, hizo que la Fiesta se desplazase de Julio a los primeros días de Agosto. En todo caso, se entendía que como todas las fiestas que homenajean al trabajo, a la producción, en fin, al fruto que bendice el esfuerzo humano y distingue la característica del lugar, deben realizarse en el momento de la cosecha cuando el fruto está en sazón. Además, la Fiesta se siguió enriqueciendo con la incorporación de nuevos eventos, así fue que por iniciativa de hoteleros se instauró la Fiesta de “Brasiloche” para realzar y homenajear la presencia el turismo brasilero. Por iniciativa del periodista Carlos Alfano, Director del periódico “La Voz Andina” se creó la Fiesta del Chocolate, donde se elegía la Reina o Miss “Chocolate”, que recibía como premio su peso en el delicioso producto regional, entronada en una artística balanza de hierro forjado, diseñada por Renato Cattelani. La reunión central de Elección de la Reina se trasladó al Gimnasio de Bomberos Voluntarios con la creciente participación de artistas de renombre nacional. Es decir, casi inadvertidamente, se había logrado un interesante equilibrio promocional, donde el calificado cliente brasileño era especialmente agasajado y por ende se producía un efecto promocional que penetraba en el enorme mercado tan afecto a la nieve. La juventud ó el turismo estudiantil que empezaba a proyectarse con gran fuerza, encontraba en la Fiesta del Chocolate una excelente expresión para manifestar su natural alegría, pero también para trascender en el ámbito de los futuros visitantes en sus viajes de fin de curso. Finalmente el “show” central con la elección de la Reina de la Nieve concentraba la participación de la gente de la ciudad y permitía exaltar la belleza de su juventud. Como las competencias deportivas integraban el programa y había divertimentos varios sobre la nieve, entre otros la realización de esculturas de nieve, carreras de disfraz y otros se lograba un amplio espectro de participación. Siempre tuvieron las actividades de la vida profesional como el Concurso de Hacheros, la Carrera de Mozos, Concursos de Barman y demás. Mientras tanto la Fiesta fue adquiriendo envergadura institucional, así desde mediados de los 70 pasó a ser Fiesta Nacional, condición que había que gestionar anualmente hasta 1979 cuando se aprobó a San Carlos de Bariloche como sede permanente. En 1978 se incorporó la fiesta en la calle, a cargo de las distintas colectividades, con el propósito de nutrirla de todas aquellas tradiciones de las distintas etnias que conforman la ciudad con su caudal de música, danzas y comidas típicas. La celebración se trasladó después a gimnasios cerrados y se separó de la Fiesta de la Nieve. También aquel año se realizó el Salón Nieve Humor y Fantasía con la participación de los dibujantes humorísticos Fontanarrosa, Caloi, Altuna, Cognini y Crist entre los que recuerdo. Ellos dibujaron sus personajes con alusión a la nieve (Clemente sobre esquíes, por ejemplo) y los dedicaron a todos los que abonaron una cartulina a beneficio de la Cooperadota del Hospital. Hasta aquí, según mi concepto, la composición medular de la Fiesta, que con sus mas y sus menos mantenía una raigambre de homenaje al producto nieve como generador de recursos económicos y beneficios sociales a toda la comunidad. Con el advenimiento de la democracia se dio el insólito hecho de que las organizaciones empresariales se desligaran de la organización y derivaran la total responsabilidad en el Municipalidad. Además, la sempiterna diversidad de opiniones que pugnan en Bariloche, la iban a llevar a transitar caminos espinosos qué, en muchos casos, hicieron peligrar su realización o concluyeron en ediciones para olvidar. Alguna vez el Club Andino Bariloche y la Asociación de Bomberos Voluntarios debieron salir a “apagar el incendio” como quién dice y hacerse cargo de su organización. La intervención de los iluminados de siempre, la de aquellos que vienen “tocan y se van”, la de los acérrimos localistas versus los ultra promocionales y fundamentalmente el alejamiento del motivo central, LA NIEVE, contribuyeron a la decadencia de la Fiesta. También el auge de la Fiestas Nacionales tan diversas y tantas como uno pueda imaginarse, aumentó la confusión ya que muchos entraron en la creencia de que el “show” central era lo único importante y que lo que había que hacer era superar en ese aspecto a las otras Fiestas. La participación de la Televisión, con su inmenso valor promocional, también llevó a muchas decisiones no siempre acertadas y a desaprovechar excelentes posibilidades. Pero creo, sin temor a equivocarme, que la peor época, por suerte superada, fue la que pretendió hacer una Fiesta de la Nieve promocional, SIN NIEVE, en Junio. Claro, esto bajaba costos, conformaba a aquellos que solo les interesaba el “show” musical, pero entregaba material promocional de escaso valor. Sin duda está apareciendo un renovado interés en recuperar el brillo de la Fiesta. Deberían, los que de ello se ocupan - en mi modesta opinión - buscar un regreso a las fuentes y ahora mas que nunca después de la indubitable lección de la ceniza, pensar que la Fiesta de la Nieve, madre de fiestas, tales las de Las Colectividades y del Chocolate, debe entronizar, precisamente, el tremendo valor del elemento que constituye el motivo de la temporada invernal. Al realizarse anualmente el Salón Internacional de la Nieve, la Fiesta debería estar ya totalmente definida y programada y ser uno de los portales de Bariloche en la promoción que se desarrolla en la oportunidad. La nieve, corazón del agua, es el elemento valioso que nace como fino cristal, nos regala blancura y disfrute en la montaña, discurre en hermosos ríos y arroyos, hincha los lagos, alimenta represas que iluminan al país y al regar los valles florece en riqueza de colores y sabor y llega, ya limosa, a hundirse en el mar a la vera de la Capital Provincial. Somos los privilegiados en ver su nacimiento, deberíamos estar felices de ello. No hay fiesta o para los locales o para los visitantes como se ha pretendido discutir, hay una sola fiesta de la Ciudad, donde si no nos sentimos de fiesta los que aquí vivimos y no sabemos transmitir esa vivencia a nuestros visitantes, mal podemos potenciar una promoción de nuestra riqueza turística, máxime en nuestros días cuando el desarrollo de la infraestructura y de los servicios, tanto en la montaña como en todo el ámbito de la ciudad, no solo ofrece alta calidad, sino también diversidad de opciones. No hay tampoco ahora excusas jurisdiccionales, Catedral está definitivamente integrado a Bariloche y ya no se puede concebir acción alguna que no sea integral y los actores de la Industria deberían poner algunos “porotos” en sus costos, como parece se está haciendo ahora en otros eventos, para financiarla. Estos comentarios, son solo eso, una suerte de recopilación de sucedidos, antes que la memoria se vaya yendo con la edad. Pero también creo que por el avasallante transcurrir del tiempo, quienes hemos tenido alguna participación en la vida de la ciudad tenemos cierta obligación de recordar hechos y emitir, aunque mas no sea una leve opinión, sin que ello signifique pretender que en todo lo dicho haya mas que eso, una gran porción de recuerdos. Al finalizar, el reconocimiento para algunas personalidades que forjaron la Fiesta de la Nieve: Dr. Jesús Dionisio Fanjul, Alfredo Caspani, Leopoldo Baratta, Renato Cattelani, Carlos Bustos y Marina Fernández. Todo ello con las debidas disculpas a quienes pudieron hacer importantes aportes en años recientes cuando no he estado cerca de la organización y el tiempo ha ido cambiando los actores. San Carlos de Bariloche, abril de 2012 Vicente Ojeda |






