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| Al fin Melissa Bendersky |
| Lunes 21 de Marzo de 2011 00:00 - 7027 Lecturas. |
Graciela Cros, la creadora y constructora cotidiana de Una de Poetas, demoró su presencia quizás por tratarse de su hija. Pero hubiese sido una omisión imperdonable. Como la propia Graciela dice, se trata de una poeta de singular valía y sería injusto dejarla afuera en esta muestra tan extensa de la poesía local y regional, sobre todo, de este ciclo actual en el que ya han aparecido todos sus compañeros de generación. Hoy, Verano 2001. UNA DE POETAS Poema del Lunes Hoy, Melissa Bendersky, Bariloche, 1975
“Todos estábamos iluminados por el verano y la certeza”
Verano 2001
¿Te acordás que nos encontramos en la plaza del congreso el 19 a la noche, entre los fuegos de las balas y los negocios incendiados?
Las balas eran de goma pero había algunas de metal y mataban ¿alguien explicó eso?
El humo era de los gases y el fuego quizás de la gente, del vapor ardiente que salía de la boca de la gente gritando de miedo algunos de asombro otros todos estábamos iluminados por el verano y la certeza de no saber qué estaba pasando pero que era grande.
Vos habías venido en bicicleta y estabas serio, no serio como drogado sino serio como quien ha visto.
Nosotros veníamos caminado corriendo un poco erizados y en ojotas sin saber porqué pero sabiendo que no había otro lugar mejor donde estar. Esa noche vimos morir a un hombre en la escalinata del congreso.
Todo eso pasó, yo lo recuerdo y te lo cuento porque temo olvidarlo temo que el poder y los medios terminen por dominar y nos olvidemos que esos días hubo guerra civil y que ganamos. .-.-.-.-.-..-.
Melissa Bendersky nació en Bariloche, Río Negro, Patagonia argentina, en 1975. Es escritora y periodista. A principio de los años noventa formó parte de la organización de los encuentros de poetas La luna con gatillo, realizados en Bariloche. Durante los años en que vivió y estudió en la ciudad de Buenos Aires (Argentina), integró el grupo de intervenciones poéticas Cuelga de poemas y la editorial independiente Ediciones del Diego. De regreso en Bariloche formó parte del Suplemento literario Así íbamos a las fiestas. Colabora con las revistas Al Margen y Arde Morales. Es autora de Nido de ballena, Ediciones del Diego, 2001, y de los libros inéditos: Palmeras; Té ((y comentarios para Té)) -con ilustraciones de Gabriela Herrera-; Químicos y naturales; todos ellos de poesía. Comparte el libro Marcas en el tránsito - Antología de Poetas Jóvenes de Bariloche, Ediciones Último Reino, 1995. Algunos poemas suyos integrarán el libro Poesía / Río Negro - Antología consultada y comentada. Además escribe cuentos y relatos cortos. Una versión en alemán de su cuento El tatuador integra la antología de escritores argentinos, uruguayos y paraguayos Neues vom Fluss que publicó en 2010 la editorial Lettretage (Berlín-Alemania)
Melissa Bendersky: La costura invisible Comentario a la obra de Melissa Bendersky por Bruno Di Benedetto, Pto. Madryn. La selección que de su poesía nos ofrece aquí Melissa Bendersky fue extraída de tres libros: Nido de Ballena (Ediciones Deldiego, 2001), Té ((y comentarios para té)) (inédito, 2000/2007) y Palmeras (inédito, 2003/2008). Tres proyectos poéticos que, parcialmente, han coexistido en el tiempo; tres paisajes, tres climas diversos unidos por una costura invisible (por lo tanto no tan fácil de detectar) y por una evidente voluntad expresiva. Nido de Ballena comienza con esa descripción estática tan propia de los sueños, las alucinaciones o los primeros recuerdos. En ese fondo de neblina verde las acciones posibles son mínimas, acotadas por la inmovilidad típica de la pesadilla (los muertos sueñan mientras pierden los ojos) o, sin contradicción, desmesuradas (la construcción de escondites con restos de naufragio). La residencia en el fondo del lago se obtiene por accidente o por error insalvable: Los árboles que cayeron / y los que crecieron ahí/ equivocados/ son redes/ de peces/ y dragones. El cruce de elementos de la realidad y de las fantasías primordiales (Hay dragones,/ pájaros no,/ cangrejos de piedra/ rayas que reptan) tal vez deba su existencia a una mágica grieta donde estos dos mundos aparentemente inconciliables encuentran su razón de ser. A esa grieta bajan los monstruos a morir/ a contar historias los muertos. Los monstruos mueren donde empieza la palabra. Los muertos, entonces, no están tan muertos: han perdido los ojos, pero retienen el don de contar sus sueños. Tal vez justamente por eso, sobre el final del poema, es posible poner en marcha lo inmóvil. El agua no tiene otra opción que obedecer su propia, secreta, voz. El paisaje y el pacífico comienzo de Té ((y comentarios para té)) son engañosamente tranquilizadores. Hay un hombre que baja lentamente una colina con su carga de té, hay un perro que lo sigue o, según, lo precede, hay un pueblo, hay camiones que esperan la carga. Es notable cómo Melissa, en pocos trazos, da cuenta de la relación que existe entre el hombre y el perro: El hombre no le habla nunca, lo mira,/ y el perro siempre sabe/ de qué se trata. Se llega a sentir que hombre y perro son desdoblamientos de un único ser: uno de ellos carga la bolsa, el otro la resignación: Lo acompaña un perro/ color negro y café,/ que come cuando sobra en la casa. Pero la súbita ruptura de la continuidad gráfica, con esas columnas a la derecha encerradas en un doble paréntesis, indica que las cosas no son tan simples como a primera vista parece. Una costura invisible pretende/ revertir el caos leemos en los “comentarios” situados a la derecha. El mundo, como el poema, sufre un desgarro permanente. La conciencia del desgarro confiere una lucidez atroz, en tanto permite dar cuenta de una presencia amenazadora que remite directamente a un cuento de Guy de Maupassant. El remiendo es útil en tanto logra disimular la existencia del horla. Los paréntesis dobles, a primera vista anómalos, justifican plenamente su existencia, ya sea como lente que, mal que nos pese, permite descubrir la presencia de lo otro, o bien como una costura doble que, precariamente, nos mantiene a salvo. Finalmente, en estos poemas de Palmeras, Melissa sostiene un encuadre fijo, hipnótico, sobre una princesa grácil y a la vez acorazada en tules y gasas, con su pelo revuelto y una sensualidad que late a diferentes profundidades en todos los poemas. La inmensidad del desierto gira alrededor de esta bailarina. La lejanía no hace mella en su encanto: Para las caravanas la palmera es/ una fuga del desierto. Desde esa distancia que la convierte en punto de fuga del cuadro, la palmera, cimbreando, construye espacio y altura, concentra toda la luz del desierto en sus tatuajes y nos revela su música animal. Bruno Di Benedetto, Puerto Madryn, Febrero de 2009. El poema del lunes para Una de poetas Graciela Cros Talleres de Escritura Creativa
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