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| Lunes 25 de Abril de 2011 05:31 - 6518 Lecturas. |
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Una de Poetas
Poema del Lunes Hoy, Yolanda I. Garrafa, Carmen de Patagones
Calcé las sandalias azules y salí a buscar mi alma por los agujeros del muro
Recojo entre las hojas mi sombra niña Bebo la miel violento a las violetas y me llevo una abeja de sol en el bolsillo.
Te acuerdas cuando a saltitos de rayuela íbamos de tu vereda al cielo.
Dónde me habitan las miradas? Quién recogió la luz del muro? Cirila peina sus trenzas con una estrella del alba (blanco y negro bosteza el gato en su tablero de plata)
Tristeza triste en la retama. Mi dolor no es más dolor es un temblor amarillo suspendido en los capullos de sus ramas Tristeza triste en la retama
El muro aún guarda el último temblor del último pétalo de la última rosa de mi último verano
Se aquietan las sombras en la ventana, trazo espacios redondos, tibios (mínimo sueño) en el cuenco de mi taza
de Antología Consultada y Comentada “Poesía Río Negro”, Vol. I FER, 2007.
Pequeñas mis sandalias se pierden entre hojas amarillas
Ella estaba ahí prisionera en su luz era una hoguera
(esparcimos sus cenizas)
… de negro todas hasta los pies vestidos
*
si vas por la España al 300 doblá en la esquina da 3 pasos a la izquierda llamá y entrá ésta es mi casa aún de puerta abierta cruzá el zaguán llegá al malvón al jazmín a la camelia y seguí que más acá te espera el eco silencioso de la hiedra (que oculta tu paso) preguntá por la raíz del muro por las arañas de la niebla y asomate al paredón tal vez así te cuente cómo se derramó la hiedra en sombra contra el muro sosteniendo las paredes cómo se descolgó la parra que envolvía en racimos el jugo de la uva
Así tal vez encuentres una gota viviendo en los ladrillos o una mata pequeñita dibujando líneas en el cielo si ves un rubor de gorrión en las baldosas un ala de violeta en la ventana un rocío de sol hilando el muro si encontrás algo una hoja suicida en la escalera un agujero de luz en la maceta o la mar ahogándose en la rosa volvé así te cuento cómo se enramó mi pelo en el almendro cómo se deshojaron en ausencia las camelias
…oyen la voz que yo escucho?
*
en secreto digo vive aquí un poeta que escribe en la noche las paredes con sus versos y en prisión un gallo albar que anuncia más vivo el nuevo sol de esta mañana
(en la grieta del muro escribe … existir cuando ya estamos solos… 8/1/94)
…era la noche un ojo devorando los secretos
*
y en secreto sigo (fue en esta casa que avisté el horno donde la leña doraba como sol el pan tierno de cada día)
y sigo
…y todo era pecado
de “Calcé las sandalias azules”, El camarote Ediciones, Viedma, 2008.
***
Yolanda I. Garrafa nació en Carmen de Patagones, Buenos Aires, donde vive. Docente especializada en Literatura Infantil y Metodología de la Lengua, trabajó en distintos niveles de enseñanza formal e informal. Así desarrolla y aplica recursos para el aprendizaje de la lecto-escritura y desarrollo de la capacidad creadora con la palabra. Ha elaborado guías didácticas, material para capacitación docente, antologías literarias para los niveles preescolar, primario y medio, artículos sobre experiencias, ensayos publicados por el Consejo Provincial de Educación y la Subsecretaría de Cultura de la provincia de Río Negro, al igual que por la Revista de Educación de la provincia de Buenos Aires. Por su ensayo "De la vivencia al signo" obtiene el primer premio en el Concurso de Literatura Infantil de Necochea, 1987. En 1962 crea el grupo "El pincel encantado", con actividades estéticas integradas para niños, mientras que en 1982 coordina un taller literario para adultos. En 1984 integra el equipo inicial de Educación por el Arte que recorre la provincia de Río Negro y es invitada por La Pampa, Chubut, Buenos Aires y la Universidad Católica de Chile, en 1987. Miembro fundadora del gremio docente bonaerense (1961), del Centro de Escritores de Viedma y Patagones (1983), de la Federación de Escritores Rionegrinos (1984) y presidente de la Comisión Técnica del Fondo Editorial Rionegrino (1986-1991). En 1987 expone "Por esas calles", 51 fotografías con breves poemas que conforman el libro inédito "Calcé las sandalias azules", de próxima aparición. Ha publicado De luna y pez (La lámpara errante, 1990), Descalzo rumbos (plaqueta, Cavernícolas, 1996), Llegan voces (plaqueta, edición de la autora, 2004) y Calcé las sandalias azules (El Camarote Ediciones, 2008).
Prólogo para un libro oracular. (Raúl O. Artola, en Calcé las sandalias azules, de Yolanda I. Garrafa, El Camarote Ediciones, 2008) Todos los tiempos de una vida, traídos al presente por el azar del recuerdo y el albedrío de la imaginación; todos los rincones de un lugar, propio y de multivagos seres, luminosos y reales, de la niebla o de la noche; la flora colorida del río y de las bardas; los perfumes naturales y los afeites de muchachas; el paso lento y a veces tortuoso de los días; las marcas culturales que incitan e inhiben y confunden; las voces íntimas y las populares, el clamor de las calles y el miedo que imponen las violencias. Tal caleidoscopio gira y abre, gira y muestra, gira y oculta en su pantalla de sensaciones directas, en la superficie de la piel y en los pliegues del alma que visten y animan el mundo de Negra Garrafa, niña y señora del río y sus secretos, de las retamas y rejas y almendros de su pueblo, del amor y el desamor de sus criaturas. Este libro desmesurado y apolíneo –la paradoja es aquí una orfebrería- se constituye así en un texto oracular, transitable con los recursos que nos pide: los sentidos muy alertas, alta la percepción, abierto el corazón y sus arterias. En cualquier página, la voz de una mujer nos cantará una canción o nos contará un cuento, el modo más eficaz y perdurable de hacer huella en la memoria. Y allí, espejado en el canto o en la historia, el lector tendrá ocasión, templado su instrumento, de recrear el poema que lo indaga. Perplejo, me pregunto qué rasgo o noticia o venero o instante o repliegue o atisbo no fue rozado en estas páginas. La respuesta no puede ser indudable. Porque hasta el porvenir se cifra, quizás, en los espacios que median entre verso y verso, de palabra a palabra, en el mar de azules y de sombras, de umbrales y de hamacas que unas mágicas sandalias han sabido recorrer aludiendo el misterio, sin cometer nunca el pecado de la revelación. La poesía es la única forma del arte que puede abrazarlo todo con su gesto, el noble artificio de palabras. Y en Calcé las sandalias azules lo que se abraza desborda los límites de un mapa reconocible y querido, desde aquella aldea a la ciudad actual, para tornarse reflejo de otros mundos posibles, como quiere la máxima de Tolstoi. El poema del lunes para Una de poetas Graciela Cros Talleres de Escritura Creativa
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