Múltiples expresiones de cariño y de tristeza sucedieron como último adiós ante la partida de un referente político y social reconocido y querido por muchos vecinos por su decencia y humildad. Más fotos de Alejandra Bartoliche. La semblanza de Rodolfo García y más imágenes del sepelio.
Falleció Beto Icare, tres veces electo como intendente de la ciudad. Antes concejal y funcionario provincial en el área de Deportes, y responsable del área social de la CEB. Tenía 64 años.
La vida de Icare se apagó alrededor de las 6. En el silencio de una madrugada del invierno de su Bariloche, su corazón dijo basta tras una hipoglucemia, un coma diabético seguido de un paro cardiorrespiratorio. Sus restos son velados en el Centro Cívico desde las 15 y serán inhumados en el cementerio Valle del Descanso.
Las autoridades declararon duelo y asueto. Un desfile incesante de vecinos y dirigentes de todo el esspectro social y politico le dieron su último adiós.
Icare inició su actuación en la política de la mano de la Unión Cívica Radical, e integró la lista de su partido en 1983. Ese año el arrastre de Alfonsín colocó 8 concejales radicales en Bariloche, pero él no alcanzó a entrar. Tan de abajo había comenzado.
Tras la restauración democrática y los primeros años de gobierno, su corriente decidió formar un partido vecinalista, el MUP, que orientó junto al entonces presidente de la CEB, Leonardo De Ferrarriis y su esposa Silvia Escudero, entre otros dirigentes.En 1999 fue elegido concejal municipal por ese nuecleamiento, junto a Graciela Di Biase. Comenzaba un ciclo caracterizado por su estilo.
(Eran días de paros municipales y gomas quemadas en el Centro Cívico. De ventanas rotas en las oficinas municipales. De saqueos en los súper. Beto ahí, en medio del humo negro, en plena plaza, su sobretodo marrón caqui o su camisa algo gastada pero impecable, su parada entre encorvada y friolenta, su vocecita desenvuelta con firmeza. Sus pares, escondidos o ausentes. El Beto ahí, tratando de hablar, de entender y hacerse entender entre los bombos y la desesperacion de la falta de empleo, de la falta de sopa, de la falta de referentes. "Vamos a salir... entre todos vamos a salir" decía, aunque probablemente no supiera cómo. Solito, valiente, jugado por Bariloche y la institucionalidad en riesgo).
Minelva. El dolor de una reconocida dirigente barrial del barrio 2 de Abril. La renuncia anticipada de Feudal abriría un camino impensado para sus ambiciones políticas: su compañera de bloque Graciela Di Biase -otra que no se escondía cuando el clamor rozaba límites peligrosos- ocupó la intendencia en forma interina y llamó a elecciones por el resto del período. Icare se presentó y arrasó en esa instancia.
(Nacía un liderazgo sin andamiaje ideológico ni doctrinario, sustentado más que nada en la intuición, en el gesto humano, la sensibilidad social, el contacto directo. Sustentado en el carisma del turquito que de pibe la descosía en los picados de la Nueve de Julio y terminó defendiendo los colores de la selección de Bariloche. Un liderazgo construido paso a paso, quizás sin siquiera saberlo, por aquel Beto carpintero, laburante de Obras Sanitarias o el DPA, miembro de la junta del San Francisco o papá noel de la cooperativa de luz. El referente que escribía versos indignados por la pobreza que la nevada del '94 desnudaba y que él mismo llevaba a Gente de Radio, la radio popular y rebelde de esos días. El vecino que pasaba a Los Tucu Tucu y José Larralde en las nochecitas de FM Tribuna, el que siendo concejal desafió a más de un impertinente a sacarse las ganas a las piñas, como si estuviera en el Lera, aunque sabía que nunca la sangre llegaría al río.Un tipo simple y decente al fin que, mientras soñaba con conocer al Bocha, su ídolo del glorioso Independiente, caminó sus calles una por una, barriada por barriada, sin renegar sino feliz de ser bien recibido en todas partes. Un político que hacía sentir dignos a los de su clase. Y que vivió con intensidad un Bariloche que ya no es).
Aún así, con todo ese consenso ganado en la trinchera de la vida comunitaria, no le fue fácil. Una segunda elección lo consagró por cuatro años más -ya con su partido SUR en marcha- pero comenzaron las rispideces con el radicalismo provincial, las enmarañadas relaciones de la política, y cedió al enamoramiento de la sociedad con un nuevo estilo: el kirchnerismo. Allí halló el oxígeno para su gestión que parecían retacearle sus correligionarios. Curioso: por caminos distintos, también el gobernador radical Miguel Saiz terminó como aliado del ex gobernador de Santa Cruz.
Pese a que los resultados tampoco eran los esperados y la trama política daba lugar a descarnadas y en muchos casos fundadas críticas y disputas sobre su gestión y sus colaboradores, en julio de 2007 obtuvo su tercera victoria en las urnas. Costó entender por qué con tantas cuentas pendientes en la gestión, la gente volvió a elegirlo y le dio otro triunfo. Explicaciones hubo y habrá muchas, pero hoy es posible decir que se trató de una victoria que no debió ser, pues él sabía que su salud le impediria continuar. Mucha gente que lo votó también lo sabía, pero quizás solo quiso manifestarle su cariño o su reconocimiento a través del sufragio, vaya modo.
Y como era lógico, no asumió. El desmejoramiento de su diabetes -que comenzó a acosarlo con mayor fuerza hacia finales del segundo mandato- y el sentido común prevalecieron: desistió de asumir, en una jornada triste e incierta para el futuro de Bariloche.
(Lo demás es historia fresca. El breve interregno de Darío Barriga, el triunfo posterior de Marcelo Cascón. El silencio lo fue corriendo de la escena, empujándolo a un costado. Se cobijó en el cariño de los suyos, en la simpleza de su gente, allá en el San Francisco, al este de las postales. A media cuadra de la despensa de siempre, lejos de las agachadas de las que nadie está exento. Algún medio dijo que necesitaba desesperadamente un subsidio para subsistir, pero no era cierto. Al menoshasta dónde uno ha podido saber -dejando a un lado la hojarasca de la maledicencia pero por las dudas en alerta siempre- el Beto nunca pretendió grandes cosas para sí y lo principal lo tenía: una casita linda y austera, acogedora, llena de fotos y trofeos, de hijos, sobrinos y nietos, con todo lo que una familia de trabajadores puede tener, pero sin lujo alguno. Allí pasó sus últimos días, una ventana que da a una callecita de tierra, casi a la vera del Ñireco, humilde y de barrio. Una casita de corazón grande y sencillo. Como él.)
Recicladores de la ARB se despiden. Por Rodolfo E. Garcia/b2000 Fotos Alejandra Bartoliche.